Me dice que no lo espere, que sus tiempos no son los míos.
Que ahora no puede amar, que solo puede él con su alma nada más.
Que el pasado lo ha herido, que no puede sanar.
Y por eso no quiere contagiarme su corazón partío.
Intenta, con frasesitas adornadas, alejar mi amor de su frío cariño.
Y de tanto en vez, tropieza con su propia voluntad y baja defensas.
Y se muestra tan normal que me da esperanzas.
¡Esperanza, maldito mal, ojalá no existieras!
Firmamos un acuerdo una vez, él con letra firme y yo aclaré que era bajo protesta.
"Te pido que no me esperes, no sé cuánto tardaré en sanar".
¿Acaso hay cosa que más desespere que esperar?
¡Detesto esperar!
Y aún lo espero.
Amar no es siempre cosa de dos.
Existen las veces que amar es un acto solitario y ahí sí que duele.
